2020 O LA FIESTA ADENTRO: DÍA INTERNACIONAL DEL ORGULLO LGBT+

Ilustración de Juan David Caicedo (@houddask)
Como la cuarentena nos ha confinado la humanidad y este año el Día Internacional del Orgullo LGBTI+ sucede de una forma atípica, es importante que cada quien sea su propia fiesta, su propia celebración, que pueda burlar todas las leyes cuando ponga la música duro y para cuando ondee las banderas recuerde que es ella misma la que se celebra, no en multitud, sino como una persona que en su soledad se siente orgullosa de lo que es.

El año 2020 nos ha impuesto todo tipo de retos debido a la situación de salud pública que ha ocasionado la pandemia del coronavirus, pasamos de poder estar en la calle encontrándonos unos y otros a una cuarentena de más de cien días en la que todo frenó y en la que también debimos confinar nuestra humanidad, situación que puede verse reflejada en una actitud siempre inquieta, como estando afuera pero desde adentro. Al principio todo estuvo turbio y hubo bastante angustia ante la llegada del COVID-19 a la ciudad, sobre todo por ese lenguaje bélico en el que fue anunciado, ahora, tres meses después, todo parece ir soltándose y volviendo a una extraña normalidad, aunque la calle ya no parece ese lugar del que nos apropiamos cada vez que usamos los andenes para sentarnos con nuestras hermanas y amigas a terminar un viernes, a beber cerveza y estar. Por ahora no es posible retomar la calle toda vez que esta transformación del mundo nos ha llevado a reconocer que cada una es responsable de evitar la propagación a través de las prácticas de autocuidado y de distanciamiento social.

 

En el año de la visión el Día Internacional del Orgullo LGBTI+ se celebra el 28 de junio como hace 51 años, pero esta vez serán las redes sociales y las  plataformas digitales las que nos permitirán juntarnos, siendo esta una bella oportunidad para comprender que lo contrario a la presencia no es la ausencia sino la distancia. Es por eso que este año no estaremos codo a codo en la calle siendo un río de gente que se toma la ciudad y que celebra la diversidad con banderas, músicas y pancartas, sino que durante este tiempo profundamente reflexivo habrá que asumir una forma distinta para festejar que somos plurales. Es por eso que desde cada casa podremos celebrar en nuestro propio cuerpo lo que somos, que es lo que hacemos cuando somos multitud. Esta vez las banderas se toman nuestra casa como si habláramos de nuestra patria, horizonte o símbolo, porque si bien no somos ríos en la calle, entonces somos una fiesta confinada. Sin embargo celebrar adentro también implica retos humanos, este camino no es de oro ni es fácil ya que significa muchas luchas internas. El confinamiento nos ha mostrado que muchas personas están en entornos violentos teniendo que limitar la expresión de lo que son porque aún hoy muchas familias no los reconocen y los invisibilizan, por eso la pregunta que se abre para este tiempo es cómo poder celebrar el orgullo LGBTI+ si estamos adentro y cómo tener una verdadera fiesta interior que lo disuelva todo.

En la historia de vida de cada persona LGBTI+ hay un contexto familiar difícil o un entorno social que quiso imponerse sobre la libertad de cada una, pero como nadie puede ser lo que no es aunque insista, el orgullo es el fin de un largo camino por una infancia y una adolescencia en donde un otro quiso avergonzarnos y/o agredirnos por lo que somos. Es por eso que para escribir este artículo quise hablar con algunas personas amigas que me compartieron su historia hasta este momento potentemente subjetivo y terriblemente ganado en el que somos capaces de reconocernos con orgullo por lo que somos luego de haber pasado por todo tipo de críticas y sanciones asociadas al género, al plumero y a nuestras maneras que son tan incómodas como libres y bellas.  

Hubo personas con quienes pude acortar las medidas del distanciamiento para conversar este tema y con otras hice videollamadas, todo para conocer la experiencia individual de ese proceso interior que las llevó a sentir orgullo, comprendiendo los retos que ha implicado para cada una este camino de piedra. En primer lugar, coincidimos que el primer opositor de la diversidad sexual y de género se ubica en la familia, pues es el lugar humano que nos acoge una vez nacemos al mundo y es ahí, a través de la madre, el padre y los cuidadores que ingresamos al universo del lenguaje y los significados. En principio el otro empieza a significarle el mundo al infante y es a través de esa relación que este último empieza a participar del mundo, es por lo que ocurre en esas relaciones que sentimos el miedo y la vergüenza por lo que somos, por no tener norma, siendo este un camino exitoso para una vida adulta basada en la represión y el castigo. Otras sociedades como la escuela, la familia extensa o el barrio se convierten en portadores de distintas lógicas sociales que sirven para mantener la idea de las prácticas socialmente establecidas y correctas: la suposición de que cada persona es heterosexual. Sin embargo, la experiencia infantil nos recuerda que el deseo era escaparnos de la voluntad de los padres o la familia, de la imposición de su ley, lo que equivale a decir que cada quien ha crecido siendo lo que es pero debe reprimirlo hasta que sea el momento para ponerlo en juego ¿Es esta una condición adecuada para luego pasar a defender la individualidad que somos?

Más profundamente, lo anterior devela un problema estructural de la familia y es que muchas no están preparadas para asumir y permitir el comportamiento del infante, no han comprendido su rol de acompañantes, pues también desde temprana edad empiezan a imponerse comportamientos con base en el sexo biológico que no son más que una construcción social, una mentira que bien podría ser el género, y que limita la vivencia personal del cuerpo. Estos sistemas de control y represión que empiezan sobre el infante pueden terminar en  la vida adulta haciendo que muchas personas aún estén librando su lucha interna porque lo consideran inapropiado para los espacios familiares o laborales, pues es un tema que nunca se ha puesto sobre la mesa, se le ha hecho invisible y se ha condenado a quienes así somos a una experiencia social y psíquica marginal o persecutoria.

Es así como empieza la batalla interior de muchos de los que hoy nos nombramos como diversidades sexuales y de género: por la necesidad de romper con el significado del otro, con su ley sancionatoria, queriendo desligarnos del universo de significados heterosexuales de la familia, el Estado, la iglesia, la medicina, la moral y asumiendo un lugar posiblemente doloroso, de oveja negra, en el que cada quien debe asumir su palabra, desear su deseo y resistir. Así es como naturalmente se debe hacer, pues es ahí donde el orgullo cobra sentido, cuando podemos reconocer lo que somos y hacerlo también en el otro, cuando el silencio familiar pasa a ser una jauría de cuerpos en actitud de fiesta, es ahí donde las largas horas de insomnio y las dudas sobre sí mismos logran emanciparse, pues el orgullo no es más que celebrar que no somos los cuerpos que caminan por la senda marcada y porque es un asunto que no puede continuar condenado a la oscuridad hasta que cada una pueda librar su propia lucha. Es por eso que es fundamental empezar desde la mesa familiar a tocar el tema de la diversidad sexual y de género, romper los tabúes, hablar con entereza frente a lo que significa esta perspectiva de mundo, recibir las dudas, escuchar al otro y comprender que si alguna vez fuimos dañados ahora es momento de sanarnos, pues todo ingreso al mundo es traumático. 

Como la cuarentena nos ha confinado la humanidad y este año el Día Internacional del Orgullo LGBTI+ sucede de una forma atípica, es importante que cada quien sea su propia fiesta, su propia celebración, que pueda burlar todas las leyes cuando ponga la música duro y para cuando ondee las banderas recuerde que es ella misma la que se celebra, no en multitud, sino como una persona que en su soledad se siente orgullosa de lo que es; y a quienes hoy estén atrancades en un lugar oscuro debido al confinamiento, conviviendo en espacios familiares violentos o condenados  al silencio y a la invisibilización, resistan, continúen insistiendo en sí mismos,  no dejen de participar del mundo y mucho menos estén en posición de vergüenza, se es tan digno y legítimo como todas las demás personas, celebren su libertad, su feminidad, su animalidad, su goce, lo que son por dentro cuando se miran al espejo, esas cosas que no les gusta de sí mismos, que les han dicho que están mal. Resistan este año y celebren su individualidad porque aún hay retos en materia de diversidad sexual y de género que deben tener lugar en lo político, en lo médico,  en lo educativo, en lo social y familiar y para eso necesitamos tantos maricones como sean posibles, tantas travas y lesbianas, tantísimos tránsitos hacia todo lado, porque esto no está cimentado sobre la nada, no es un capricho, no es una etapa. Celebremos como podamos en nuestras casas, reivindiquemos el lugar del placer que nos fue dado y recuerden que sentir orgullo por ser una persona LGBTI+ es un asunto profundamente personal.

Besos amores y por el culo!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *