¡AFROFUTURISMO!

LINIKER E OS CARAMELOWS

Ilustración por León F. Valencia-Laura Aldana
Ilustración de León Felipe Valencia y Laura Aldana
Una figura musical que transgrede la identidad de género con una imagen provocadora y ambigua.

Brasil podría imaginarse como un territorio de integración y aceptación donde los cuerpos encuentran su espacio en el carnaval y la música, pero detrás de este imaginario de cuerpos mezclándose al calor de la samba se esconde una realidad aterradora: es el país con el mayor índice de asesinatos contra personas transexuales en el mundo.

Según datos de la Associação Nacional de Travestis e Transexuais (Antra), en el 2017 fueron asesinadas 179 personas trans, siendo el país más violento contra esta población, seguido de México con 56 casos; es como si cada 48 horas fuera asesinada una persona trans. De los 179 homicidios, 169  corresponden a travestis y mujeres transexuales, y 10 a hombres trans, apenas el 10% de los casos de este tipo son investigados y ni siquiera se llevan registros oficiales.

El 67,9 % tenía entre 16 y 29 años, el 80% de los asesinados eran personas negras, mulatas y el 70% se dedicaban a la prostitución.

La exclusión social contra la población trans es tan fuerte que el 82% de personas transexuales abandonan sus estudios para integrarse al mundo de la prostitución o el tráfico de drogas.

En este contexto tan complejo, Liniker es una figura musical que transgrede la identidad de género con una imagen provocadora y ambigua; se identifica como mujer trans y negra. Su imagen es toda una declaración política: rimel, lápiz labial, bigote y barba, grandes aretes, pañoleta, collar y falda, con una voz poderosa en la que retumban con fuerza y sensualidad toda la riqueza musical brasileña y el black music norteamericano.

Reta los estereotipos de identidad para reclamar lo femenino como suyo sin esconder la vitalidad masculina, donde lo más importante es fluir como la música para sólo ser en el ritmo alegre, a veces suave, a veces frenético, buscando una libertad que se expande por el micrófono.

Liniker creció en Araraquara, São Paulo, viendo cómo las amigas de su mamá se arreglaban el pelo y se maquillaban para salir a bailar mientras hablaban de empoderamiento; todas de piel oscura, todas hermosas, así entendió lo maravilloso que era ser negro. Su inspiración es su madre, quien le enseñó a ser fuerte y siempre le decía: “nao olhe pra baixo” (no mires para abajo), “levanta a cabeca vai para cima” (mira siempre hacia arriba). Ella fue quien le regaló su primer rímel, ella le enseñó a quererse como era; ella, a quién veía bailando samba en tacones, a quien veía resistir frente a los hombres de su vida que siempre destruían su autoestima.

Araraquara tiene una significativa población afro, y es allí donde tiene lugar una fiesta conocida como Bailo do Carmo, una sólida manifestación de resistencia de la cultura negra araraquarense que lleva más de 130 años. A mediados de siglo pasado los negros no podían ocupar los mismos espacios que los blancos, no podían frecuentar sus fiestas ni sus lugares de ocio, por lo tanto decidieron hacer un espacio propio. Liniker fue al Bailo por primera vez a los 6 años, a ver a su prima participar en un desfile; al ver a una mujer negra, orgullosa, apropiándose de ese espacio, entendió lo que significaba la representación: para Liniker, que nunca veía a la gente negra en la televisión o en los medios, el Bailo fue un evento informativo donde entendió lo que es el empoderamiento.

Liniker empezó en las artes a los 14 cuando inicio con el zapateo y el baile, y entró a una escuela de teatro en  su ciudad. Allí descubrió el arte que llevaba dentro, una “esencia visceral” llena de sensibilidad que construyó desde adentro hacia afuera, empezó a tocar guitarra y  a escribir, un proceso que se desbordó como una cascada y que no ha parado desde su primera canción. Luego llegó a Santo André, a estudiar actuación en la Escola Livre. Para la audición tenía que escribir una escena basada en un libro y representarla; Liniker escogió cantar, y sola, en el escenario con su guitarra, con su voz retumbando en todo el auditorio frente a unas cuantas personas, entendió que eso era lo que quería hacer. Un año más tarde, volvió a Araraquara y se encontró a su banda con la que grabó un álbum en el 2015, que cuenta con un video que se hizo viral en redes sociales.

Afrofuturismo es el nombre con el que llama a su proceso estético, usar telas y pelucas sin avergonzarse y que todo el mundo se haga cargo de su existencia. Para Liniker, la música es una herramienta para llegar a las personas a nivel emocional, su objetivo es crear redes, reclamar un lugar para que los  cuerpos se apropien del espacio, pues para ella salir de casa siempre fue amenazador pero necesario para hacerse respetar. A través de la música puede sentirse cerca a las personas e intocable en el escenario, su público es extenso y lo compone gente que quiere conectarse, sentirse bien, cantar a todo pulmón y bailar.

La importancia de este movimiento es que en una década las personas que vienen vean lo que se hizo y sepan que les pertenece y que lo hicieron por ellos, por sí mismos y por quienes sufrieron antes de ellos.

Su propuesta musical está acompañada por los Caramelows: Guilherme Garboso en la batería, Paulo Costa al bajo, Raphael Barona en el bajo y la guitarra, William Zaharanszki en la guitarra, Márcio Bortoloti en los metales y Barbara Rose, Ekena Monteiro y Renata Santos  en los coros.

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