manifiesto

Aquí les daremos a la rabia y la discusión el espacio que se merecen, después de que en este país tocara relegarlos para evitar que nos matásemos todos. La rabia como sentimiento legítimo ante las injusticias, el machismo, la homofobia, el racismo, la aporofobia, por poner solo unos ejemplos. Y la discusión como ejercicio de alerta ante nuestros propios prejuicios, donde se entrenen los músculos de las ideas y no de los puños.

A los delicados, malas noticias: no haremos eco de su llanto quejumbroso, de su ataque, de esa cobardía con que evocan la palabra respeto cada que se critican sus verdades poco respetuosas, su estrechez de miras y, en definitiva, su conformidad con una sociedad que sigue sacrificando al pobre y violentando a la marica, a la marimacha, al pelado que llora, a la pelada que aborta, a la abusada, a la que se atreve a golpear el techo de cristal.

También con ambición y un poco de atrevimiento, queremos desempolvar el relato de nosotros que ya se hizo y vigilar el relato que se nos hace desde el presente. Qué cuenta el cine, la música, la literatura, el arte en general de quiénes somos; queremos pasar de objeto a sujeto, dar personalidad y voz a los invisibles de la historia oficial. Pero, sobre todo, generar un espacio de participación y encuentro. De conversación de cafetería a la que entramos sabiéndolo todo y salimos dudando de tener la razón.
Sabemos que lo que pensamos no nos es exclusivo ni mucho menos definitivo.

Desde aquí buscamos convocar o, más bien, llamar a gritos más voces a las que escuchar y opiniones de las que aprender. Sin negarnos el lujo de pasarla bueno y pagando el precio de escribir con total libertad.