MÉXICO: NOMBRAR Y RECONOCER

Ilustración de Michelle Sáenz.
La reforma educativa [en México] consiguió que se concibiera a la educación como una lucha individual sin sentido.

Hace seis años en México, Enrique Peña Nieto tomó protesta con miedo y ejerciendo violencia desde el comienzo. Era un presagio de lo que sería su gobierno.

Poco tiempo después, durante los primeros dos años, se encargó de instaurar las reformas estructurales, entre las cuales se encontraba la educativa.

El país continuó por el camino de violencia que el presidente anterior, Felipe Calderón, había dejado en su guerra contra el narcotráfico que provocó más de 121 mil muertes violentas (1).

A partir de ese momento, y durante todo el gobierno de Peña Nieto, se potenciaron las muertes, los desaparecidos y el miedo. Las cifras no pueden darse porque los cuerpos pueden estar dentro de alguna fosa clandestina, circulando dentro de los tráilers frigoríficos por el norte del país, o flotando en el río de los Remedios, en este último caso, lo más probable es que el cuerpo sea el de una mujer. En América Latina se cometen 12 feminicidios al día, NUEVE son en México (2).  Ser mujer aquí implica tener cuidado, volver a casa temprano. Pensar todos los días al despertar qué ropa es la indicada para los lugares que vas a caminar. Cómo vas a confrontar al que te acosa en la calle, y qué herramientas tienes para defenderte. Tener presente, más de lo que quisieras, que puedes desaparecer o morir, que no estás a salvo.

En los seis años de gobierno, el dinero que correspondía a la educación fue destinado a la campaña para demeritar a los maestros. Los gobiernos de derecha se han esmerado en construir una imagen que los desacredite. Para ellos los maestros son insuficientes, ignorantes y flojos. Se gastó más dinero en su campaña publicitaria y en las evaluaciones que en la capacitación y los contenidos educativos. Pero, lo peor de todo, es que lograron que la gente creyera que los maestros no tienen la capacidad de formación y cuidado.

Durante el sexenio de Peña Nieto, la Secretaría de Educación Pública aceptó el modelo impuesto por la OCDE (Organismo para la Cooperación y el Desarrollo Económico), priorizando la educación por competencias, sin embargo, no se elaboró un programa que sentará las bases para llevar a cabo dicho modelo, por lo que cada maestro ejerció lo que entendió. La Reforma Educativa consiguió que se concibiera a la educación como una lucha individual sin sentido. Si uno piensa sólo en sí mismo, no creo que necesite ir a la escuela. La escuela funciona para intercambiar ideas y pensamientos. Para aprender a compartir y a convivir. “El mejor maestro de un niño, es otro niño”(3).

La Reforma Educativa, que en realidad se centró en modificaciones administrativas y salariales, se convirtió en una lucha del gobierno contra los maestros. Con el pasado gobierno se trató de restarle importancia a la función social de los profesores dentro de sus comunidades, así como al intercambio de ideas y pensamientos dentro y fuera del aula.

En México los maestros tienen salarios indignantes. No se habla del trabajo que llevan a cabo, que no termina en el aula, ni en casa tras preparar las clases, es un proceso constante que no descansa, que busca formas y estrategias de compartir el conocimiento. Contextualiza, diversifica e incluye. Acompaña, guía y también suelta.

Además, en México existe una gran diversidad cultural y lingüística, que cuenta con 68 lenguas (4), es un país en el que existen sesenta y ocho formas de concebir el mundo, de imaginarlo y recrearlo.

Los gobernantes no conocen la diversidad cultural y lingüística que envuelve a todas las lenguas, que nacen de la voz, de la palabra hablada, de la tradición oral. Y tampoco les interesa. Es por eso que todas las comunidades indígenas que tienen lenguas madres que difieren del español, viven y crecen rodeados de una violencia lingüística importante. No reconocerlos admite que no tienen los mismos derechos que los demás.

He sido maestra los últimos tres años de mi vida. He trabajado en contextos rurales y urbanos. Vivo en la Ciudad de México, ahí enseño artes plásticas y agroecología en una escuela privada de educación preescolar y primaria. Conozco la realidad de los niños que fue similar a la mía hace un tiempo. Niños amados y escuchados, que tienen voz, que toman decisiones y no tienen miedo a decir lo que sienten y piensan. Que no tienen que preocuparse por la comida, la atención y el cuidado de sus padres.

También trabajo en la Sierra Norte de Puebla, en una comunidad indígena, Totonaca y Náhuatl. Ahí he trabajado con un grupo multidisciplinario en la primaria y Telesecundaria de Ocomantla, con niños y jóvenes bilingües y trilingües que se avergüenzan de hablar otra lengua que no sea el español. Que viven violencias de muchos tipos. Que estudian y trabajan, que conocen el cuidado del campo, que han visto más animales y plantas de las que puedo imaginar. Su persona es inherente al conocimiento del lugar donde viven, un bosque mesófilo de montaña.

Vivo y trabajo entre estas dos realidades contrastantes y, de un tiempo para acá, me surgen un montón de dudas: ¿por qué la educación sigue siendo homogénea?, ¿por qué los niños no pueden aprender en el idioma que piensan y sueñan?, ¿qué implica vivir en el campo y qué en la ciudad?, ¿qué podemos hacer para entender que cada persona tiene un proceso de aprendizaje distinto?, ¿cómo la educación puede hacernos libres? Me he topado con pared, he picado piedra simbólica y literalmente. A veces ha sido muy fácil identificar que algo dentro de mí se quiebra, he querido cambiar de raíz lo que tengo en mis manos, y generalmente el inicio está lleno de frustración y tristeza. Resulta sencillo encontrar las fallas, señalar los errores, pero el camino que nos lleva a la montaña y la responsabilidad que siento es más fuerte. Encuentro fortaleza en todas las personas que me rodean, en sus miradas, en sus palabras y en sus actos de complicidad.

Dedicarme a la educación me ha permitido aprender como nunca en mi vida. Devolver de alguna forma lo que me han dado, desde el lugar de donde soy.

No sé qué va a pasar en los próximos seis años, concuerdo con la mayoría de los enunciados del nuevo plan educativo (5), que se redactó en diciembre pasado, pero sinceramente en este momento, pienso que cualquier cosa va a ser mejor que lo que tuvimos. No sé si suene a desesperación, pero al menos el gobierno entrante ha nombrado a todos los pueblos originarios de México, y para mí nombrar es reconocer, y reconocer implica que lo que se nombra existe, respira, y siente.

Con la frase, “Nunca más se van a ofender a los maestros”,  Andrés Manuel inicia su gobierno y también el 2019.

Lecturas recomendadas:

Temporada de Huracanes, Fernanda Melchor.

Una Habitación Propia, Virgina Woolf.

El patriarcado del salario, Silvia Federici.

Telarañas, Regina José Galindo.

(1) [https://www.proceso.com.mx/348816/mas-de-121-mil-muertos-el-saldo-de-la-narcoguerra-de-calderon-inegi]

(2) [http://www.eluniversal.com.mx/nacion/seguridad/onu-en-mexico-se-cometen-siete-feminicidios-al-dia]

(3) Palabras de Bartolomé, maestro de una escuela multigrado en Chiapas, México.

El sembrador, Documental de Melissa Elizondo Moreno. [http://www.elsembradordocumental.com/]

(4)En México hay 11 Familias Lingüísticas; Álgica, Yuto-Nahua, Cochimi-Yumana, Seri, Oto-Mangue, Maya, Totonaco-Tepehua, Purépecha, Mixe-Zoque, Chontal de Oaxaca, Huave. Existen sesenta y ocho lenguas que cuentan con 364 variantes lingüísticas.

(5)[https://www.reporteindigo.com/reporte/el-nuevo-plan-educativo-de-amlo-en-20-puntos/]

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