VIRTUAL RIOT: Memorias de la protesta

VIRTUAL RIOT: Memorias de la protesta

Fotografìas de María Isabel Jiménez (@mariajimenezgi)
Cambiamos gritos por tweets y encuentros por lives, reconociendo nuestras casas como el único lugar seguro, impecable e impoluto, desinfectando todo rastro del enemigo exterior, de la calle y el desconocido. Detrás de los muros la vida sigue, la precariedad nunca para.

Por estos días parece que todo lo que conocíamos como protesta es inconcebible. El corazón de todo, el tumulto, el contacto y la sensación de cercanía a la otra convirtiéndola en aliada. Los gritos colectivos entre las pancartas, el sudor, la mirada cómplice. 

En cuestión de días todas nuestras lógicas cotidianas cambiaron. Aceptamos la hipervigilancia, las patrullas “cazando” infractores, ser separadas e identificadas por nuestros documentos y nuestros genitales; nos convertimos en aliadas del Estado policial, preparadas para incriminar al disidente. Cambiamos gritos por tweets y encuentros por lives, reconociendo nuestras casas como el único lugar seguro, impecable e impoluto, desinfectando todo rastro del enemigo exterior, de la calle y el desconocido. Detrás de los muros la vida sigue, la precariedad nunca para. Todas buscamos sobrevivir. Ante la presión, el teletrabajo, la ansiedad o la escasez y el hambre. El panorama para quienes tenemos el privilegio de trabajar en casa y comprar mercados a domicilios se enfrenta al de quien apenas puede tener acceso a un mercado de donación, a la empatía del prójimo y a la negligencia del Estado.

Es un futuro incierto para la protesta, paradójicamente, en el momento que más la necesitamos.

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La virtualidad posibilita el registro: replicar y movilizar, en la comodidad de nuestras cuatro paredes. El scroll deja en el olvido publicación tras publicación, y la donación de esos 15.000 pesos nos deja tranquilas. Pero afuera, las trabajadoras sexuales, las vendedoras ambulantes, las migrantes y desplazadas, las ancianas y habitantes de calle siguen existiendo y necesitando del sistema que las encasilla y enumera a su lugar, pero las excluye cuando debe mantener su responsabilidad. Afuera, donde la vida está más amenazada por el abandono y la inseguridad que por el virus. Esa separación, adentro-afuera, además, nos ha posibilitado olvidar que el territorio está compuesto por todo nuestro entorno, más allá de los muros que nos cuidan. Afuera-adentro terminan siendo la misma cosa, cuando el peligro y la vulnerabilidad están en nuestro entorno inmediato. Descubrimos cómo puede variar el valor de nuestro tiempo y nuestras posibilidades, que se ven macro en ese interior: nos define más que nunca nuestro sexo, nuestra etnia, nuestra cuenta y nuestra educación. Podemos entender, sin necesidad de proyectos o aproximaciones, que nuestra situación, ya de por sí frágil, se ve afectada por la sobrecarga de trabajos de cuidado; que a nadie importan nuestros cuerpos cuando no producen, más que para generar cifras; que son las madres las que se deben como salvadoras del bien común, que de nada sirve que en el papel cambie la ley para les trans y las maricas cuando en la calle se está expuesta a los vejámenes de una autoridad ignorante y prejuiciosa.

Escribimos en cuarentena a modo de registro y motivación, porque esta información no es nueva. Pero mantenemos la consigna de no olvidar que nuestra colectividad pende de un hilo y necesita de los movimientos sociales para existir con dignidad, para garantizar nuestras demandas por la igualdad, frente a este sistema patriarcal y capitalista que es insostenible y nos está matando; que es gracias a esas luchas sociales que tenemos acceso a las posibilidades que ahora podemos contemplar y que es posible otra sociedad. Nos recordamos a nosotras mismas que la cuarentena no es para siempre, pero las implicaciones políticas si pueden llegar a serlo. La amabilidad es necesaria, pero con inmersión crítica. No podemos permitirnos nunca más el silencio, la discusión sin devolución, el individualismo sistemático y el discurso de la productividad: nunca más nuestros cuerpos al servicio del estado o de la empresa privada. Lo personal es político.

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*La serie de fotos que acompaña este artículo fue tomada durante la marcha masiva del #21N en Medellín.

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ESPECIAL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Especial Día Internacional de la Mujer 2020

 

 

Hoy recordamos y celebramos las luchas reivindicativas de las mujeres trabajadoras, los sindicatos y los colectivos feministas.

Seguimos alzando la voz por las que ya no están, para que #ParenLaGuerraContraLasMujeres, contra los cuerpos feminizados, contra quienes decidimos que nuestro cuerpo es nuestro y no de un estado patriarcal.

La lucha sigue. Para que #SeaLey, para que no hayan más feminicidios, ni travesticidios, ni transfeminicidios, ni violencias contra nuestros cuerpos y nuestras decisiones🔥

#SeVaACaer

Ilustraciones de Laura Aldana y Manuela Velez

Nora Ciapponi: activista obrera, sindicalista, feminista.
En 1973, se lanzó como parte de la fórmula del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) a la presidencia argentina, siendo la primera fórmula integrada por una mujer y que alcanzaría 78 mil votos.
Además, fue una reconocida partidaria del movimiento a favor de la legislación del aborto legal y gratuito en la Argentina. “Cuando la fortuna o las circunstancias lo exigen hay que decidirse por adoptar una continencia absoluta. Insistamos que sirve a los partidarios de los regímenes más reaccionarios y fascistas para mantener su supremacía. Frente a todos ellos reclamamos y exigimos la libertad de amar y de abortar en las condiciones que nuestra propia conciencia lo dice, como un derecho elemental que debe disfrutar sin restricciones toda persona humana”.

Betsabé Espinal fue obrera de la Fábrica de Tejidos de Bello, Antioquia; fue pionera en la lucha sindical organizada de mujeres, siendo una de las lideresas de la que sería la primera huelga de mujeres en Colombia, en 1920. #8M

Aideé Moreno: Activista sindical agrícola del Meta, desplazada, campesina y sobreviviente de la UP.
Hija de sindicalistas campesinos, Ha mantenido la lucha en su región por la devolución de las tierras a los trabajadores del campo en los Llanos, así como por la autonomía alimentaria y la sostenibilidad de la vida en el campo. “Creo que este proceso que estamos llevando, de hacer encuentros, de conversarlo, de contarnos y conocernos, de saber qué le pasó al sindicato de industria, al bananero, al de los profes, qué le pasó a los campesinos, de contarnos esa historia para que otros puedan recogerla e investigar, es muy significativo, es la tarea que tenemos que seguir haciendo.”

Beatrice Webb. Hija de un rico empresario británico, fue una economista, socióloga e historiadora del trabajo, que luchó toda su vida por una reforma social y educativa para las mujeres inglesas del siglo XX, que las acercara cada vez más a la igualdad.

“Si yo hubiera nacido hombre, la autoestima, presión familiar, y la opinión de los de mi clase me habrían empujado hacia una profesión que me diera dinero; como una simple mujer, pude volcarme a una carrera de investigación desinteresada”.

Clara Campoamor: nunca fue una sufragista de salón, activista desde pequeña cuando tuvo que trabajar para sostener a su familia, se convirtió en una escritora, política y abogada vital para el movimiento por la igualdad de derechos en España. Su mayor logro, que fue conseguir el voto femenino para las elecciones de 1933, se reúne en la famosa frase que pronunció un día en el congreso: La igualdad es, sobre todo, “darle el derecho a las mujeres de equivocarse”. Somos todas o ninguna 🔥 #8M

María Eugenia Caicedo*: enfermera y líder sindical del sector de la salud en el Valle del Cauca, ha liderado procesos de organización sindical en el Hospital Departamental de Zarzal.

Aunque ha sido amenazada numerosas veces, desde 1995 (año en el que se afilió al ANTHOC (Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud, la Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia) por las denominadas Águilas Negras, nunca ha detenido su trabajo y su compromiso con el sector.

“Si tú construyes sobre cimientos débiles, esa estructura tiende a caerse. La verdad se debe construir para poder que en Colombia se respeten los derechos de las personas, y pienso que ahora hay una gran oportunidad para que se escuchen nuestras voces. Si se logra construir verdad, que nuestros testimonios puedan servir y llegar a todos los rincones, que todas las personas puedan contribuir para construir esa verdad, va a ser importante.»

*Este testimonio fue construido con el relato de una lideresa sindical, cuyo nombre se modifica por motivos de seguridad.

Alejandra González: Es la primera mujer trans en hacer parte del Comité directivo del SEARA en Argentina, el sindicato nacional de las administradoras de los consorcios de propiedad horizontal.

Abriéndose camino en un espacio históricamente machista, su nombramiento en el comité es el inicio de un largo pero necesario camino en el cambio de las políticas públicas de equidad de género, tanto en Argentina como en el resto de Latinoamérica y el mundo. “Creo que es sumamente importante la implementación de una ley de cupo laboral trans. Sobre todo, teniendo en cuenta que no todas tenemos las mismas posibilidades, y la expectativa de vida de la mayoría de las mujeres trans no supera los 40 años. Esto ocurre porque un gran porcentaje de chicas se ve obligada a ejercer la prostitución, porque no encuentran otra forma de sustento para sus vidas, con todos los riesgos que esto implica.”

Fuentes:
1. https://www.periferiaprensa.com/index.php/component/k2/item/2382-cuando-uno-se-levanta-en-el-campo-la-ciudad-es-una-cosa-extrana
2. http://memoria.ens.org.co/2019/07/11/ante-una-injusticia-siempre-hay-que-hacer-algo/1. 

LA REBELIÓN TEXTIL

LA REBELIÓN TEXTIL

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La rebelión textil se pensó como un espacio de convivencia grupal, experimentación y reflexión, para dar visibilidad al problema de violencia de género en el contexto urbano. El laboratorio estuvo dirigido a mujeres y personas no binarias y tuvo por objetivo explorar los textiles electrónicos como medios tácticos para la protesta y la acción colectiva, con propuestas colaborativas basadas en materiales electrónicos y de costura que finalmente se activaron en el espacio público.

Encontrar la manera de activar una voz, desde el Arte, en acciones que involucran la colectividad y la memoria, parece ser una fórmula resuelta. Las estetizaciones, los medios, incluso los nombres de quienes interpelan estos dispositivos, parecen repetirse en el tiempo y en el espacio.


En Colombia hemos crecido haciendo productos de memoria y colectividad que involucran, casi intrínsecamente, la narración/interpretación de la violencia. Y no es de esperar otra cosa, es la violencia la que nos ha parido por generaciones; la que ha condicionado nuestras maneras, nuestras relaciones, miradas, ideas, andares, desasosiegos.

No es nada nuevo: Colombia ha sido tierra de desterrados. El conflicto ha permeado nuestra sociedad desde sus cimientos coloniales y ha construído, en cambio, un tejido social que se ha edificado como consecuencia de las desigualdades, injusticias y diferentes mecanismos de discriminación.


Estas violencias, instaladas a lo largo y ancho de toda la América Latina, se basan en los mismos principios, los mismos miramientos políticos poscoloniales: sistemas de desestabilización, control de la economía y las materias primas, negación del relato histórico y de los lazos geopolíticos: material distópico. Sectores económicos que destruyen los sentidos comunitarios y de organización popular de discursos políticos, intervenciones eurocentristas (con su más actual extensión, Norteamérica), la precarización de la vida. La eliminación de esa otra historia le ha permitido al discurso estatal imponer la despersonalización de los discursos populares y sus cometidos, la incidencia que debería tener en el axioma político que permite cambios y legitimiza esos otros discursos.

¿Es el Arte esa instancia que permite la reflexión? ¿El último bastión de la libertad? ¿Construye una relación afectiva y cognitiva sobre el espectador, permitiendo la forma más profunda de reflexión, que parece más psicomagia que metafísica en algunos casos?

Ahora bien, en materia de género. Los haceres del Arte parecen conquistados por cuerpos masculinos; por supuesto, una mera extensión de los mecanismos de la hegemonía. Y con “haceres” hablamos de varios lugares: el de la representación, el de la Institucionalidad, pero también las materialidades, los temarios.

Es, por todo esto en conjunto, muy importante crear espacios desde el Arte que articulen la memoria y la colectividad, a manera de una radiografía de la violencia. Pero con una mirada descolonizada, donde los discursos latinoamericanos tengan posibilidad de analizarse en todo su espectro, y quienes interpelan esos discursos sean cuerpos con voces reintegradas, cuerpos feminizados por el discurso oficial y de a pie.

Es en este contexto conocimos a Dora Bartilotti, en su paso por Medellín y su residencia en Platohedro, titulada La rebelión textil.

Dora (MX) es una artista sonora y visual. Su producción e investigación aborda los cruces entre arte, diseño, pedagogía y tecnología, sobre los que ha impartido cursos y talleres desde un enfoque crítico e interdisciplinar a diversos públicos y comunidades. Fue co-fundadora de BINARIO: Festival Internacional de Arte, Diseño y Cultura de los Nuevos Medios (2012 – 2015) y del colectivo de performance audiovisual #FFFF (2011-2014). Actualmente forma parte de Medialabmx, cuyo objetivo es la investigación y el desarrollo de los vínculos entre arte, tecnología y sociedad. Es miembro del Laboratorio de Inmersión BBVA Bancomer – CCD y beneficiaria del programa de Residencias Artísticas en el Extranjero del FONCA.

La rebelión textil se pensó como un espacio de convivencia grupal, experimentación y reflexión, para dar visibilidad al problema de violencia de género en el contexto urbano. El laboratorio estuvo dirigido a mujeres y personas no binarias y tuvo por objetivo explorar los textiles electrónicos como medios tácticos para la protesta y la acción colectiva, con  propuestas colaborativas basadas en materiales electrónicos y de costura que finalmente se activaron en el espacio público.

El proyecto desarrollado en Medellín se compone de varios momentos:

1. La plataforma de Voz pública.
Dora creó la página ( http://www.dorabartilotti.com/voz_publica/ ) como un primer paso para la estrategia de la visualización de las violencias que sufren los cuerpos femeninos -o feminizados- en el contexto urbano. El trámite es sencillo, y da la posibilidad de anonimato (tanto de nombre como de IP) a quien quiera aportar su historia, permitiendo evidenciar las narrativas de esas violencias, más que convirtiendo a la víctima en números y estadísticas que perecerán en el olvido.

Esta web es un diseño previo y experimental, anterior a la versión final de la plataforma que está en construcción.

2. Laboratorio textil
Como ejercicio en sí mismo, el laboratorio fue potente. Permitía unir dos haceres tradicionalmente binarizados: el tejido y la costura con materiales y resoluciones electrónicas. Además, se construyó una lógica de comunidad sorora que se basaba en los mismos cimientos de los costureros y las tertulias.

Se desarrolló, en grupo, una propuesta textil para activar en la calle. Cada una de las participantes utilizó un pasamontañas y una falda, ambas cosas fabricadas en el taller, y esas prendas portaban dispositivos electrónicos que reproducían las historias anónimas de la plataforma web, gestionando así una propuesta expandida y de activismo, con una estetización e imaginería muy contemporánea. 

3. Acción pública
Finalmente, se organizó un performance que salió desde Platohedro y avanzó por toda la calle Ayacucho, hasta las Torres de Bomboná, en el centro de la ciudad. 

Este compendio de acciones hacen parte del proyecto de investigación que Dora viene realizando desde hace poco más de un año. Y es un primer paso en la realización de su mediación, Voz Pública. 

En palabras de Dora: “Voz Pública es una mediación táctica y una pieza de arte participativo en proceso que está basada en una plataforma virtual en internet, un textil electrónico y una serie de laboratorios urbanos que en conjunto buscan conformar una red de acciones colaborativas, a nivel local y virtual para abordar el problema de violencia de género en el contexto urbano en Latinoamérica.”

La intención, por supuesto, no murió con el laboratorio en Medellín. Es apenas un paso en la construcción de espacios para las mujeres y los cuerpos históricamente feminizados, tanto en el espacio público, como en el Arte, en la multiplicidad que ofrece la sociedad a los cuerpos que la integran a las ciudades y lugares que estos transitan.

Por otro lado, es una invitación a pensarnos el espacio que habitamos y que nos rodea, no sólo como un lugar ya construído por otros y que se erige sobre nosotras, sino cómo tenemos la posibilidad y la obligación de tomarlos nuestros, alterarlos con nuestros tránsitos y sus otras posibilidades, sus otredades.



PARA VISITAR
http://www.dorabartilotti.com
http://www.dorabartilotti.com/voz_publica/relato.php
http://medialabmx.org/
http://platohedro.org/

LECTURAS RECOMENDADAS

+Manifiesto Cyborg, de Donna Haraway
+Megalópolis: Sensibilidades culturales contemporáneas, de Celeste Olalquiaga
+Rebel cities, de David Harvey

DEJAR EL SILENCIO

DEJAR EL SILENCIO

Ilustración por Alejandro Marulanda
Ilustración de Alejandro Marulanda
Ahora sí. La ira me ha reconstruido; o más bien, deconstruido.

Los ruidos vecinos de las casas llegaban por la rendija de mi cuarto; apretaba los ojos, con la fuerza de quien no quiere ver aquello que le rodea. Mis pies colgaban en el borde de la cama, golpeando rítmicamente contra la madera. Nunca lloré, nunca dije una palabra, nunca abrí los ojos.  

Me imaginaba, en cambio, como sería verme a mí misma desde lejos: yo, tumbada en la cama, inmóvil, respirando tan rápido como si estuviera corriendo; los dedos adormecidos en la punta, temblorosos, fríos, sudados. Ese hombre, casi anciano, sobre mí; los pantalones doblados a mi lado neuróticamente, la camisa polo aún puesta, el ritmo furioso y patético contra mi cuerpo, el olor empalagoso de un ambientador de canela que nunca podré sacar de mi mente.

Quién diría que sobreponerme tuvo que ver con la ira. Que asimilar cada detalle, al punto del insomnio, y repasarlo día tras día -por más de ocho años-, me ayudaría a reconstruir la persona que soy. Claro que eso estuvo aunado a otros muchos asuntos, personas y libros, pero hoy creo firmemente en el poder que tiene la ira para desarraigar el dolor y la vergüenza.

Tal vez, aún no me explico del todo. ¿De qué va eso de la ira en la reparación de un superviviente de violencia sexual?

Lo más importante es entender la  relación de las mujeres y de los cuerpos femeninos con la ira: carecemos de ella. Nos han educado para soportar, para mantener el estoicismo, para calmar y neutralizar; las mujeres iracundas no existen, existen las histéricas o los melodramas. Argumentos resultados de etapas hormonales, de invenciones, de supersticiones y exageraciones; el bello sexo no da golpes, no estropea nada. Todo esto se extiende a la diversidad de los cuerpos femeninos, que continuamente son despojados de la naturalidad que si persiste en lo viril. La violencia es reflejo de actos masculinos.

Nuestro rango de emociones también es restringido.

Los sentimientos más cercanos a desencadenar la ira no van dirigidos a nuestros cuerpos, sino a los cuerpos de los hombres que determinan nuestro papel. Los celos garantizan la fidelidad; el enojo de una madre mantiene el accionar de su hijo de manera correcta, como el Estado lo hará cuando crezca.

Me pregunto si esa reconstrucción les sucede a los victimarios. Si se cuestionan su reacción violenta, si mantienen el discurso de no poder contenerse, si pasan toda su vida recordando el olor de un ambientador.

La ira, desencadenante de violencia, conlleva cierto privilegio que a algunas personas parece no ocurrírseles, pero es la humanidad misma, una de las respuestas más primitivas.

El asunto está ahí. Si se nos permitiera la violencia, la historia sería otra. Tal vez me habría defendido con una patada tajante, con un golpe fuerte en la nariz. Tal vez habría pasado de todas formas pero yo, en vez de sentir culpabilidad y vergüenza , habría entendido que ese ser despreciable era el culpable y merecía algo de violencia de regreso.

Recuerdo cómo busqué la violencia de quienes sí podían sentirla para poder sentirme protegida. Alguna vez un amigo mencionó que podía pagarle a algún tipo para que lo apuñalara; yo nunca lo pensé más que en sueños y si me lo hubiese dicho una amiga, en cambio, mi reacción sería de extrañeza y no de lógica.

Me explico. Cuando se habla de Rosario Tijeras no se habla de una heroína, hay algo en ella que ha perdido esa natural reacción femenina y al final muere, como todas aquellas descarriadas de su condición moral.

Ahora sí. La ira me ha reconstruido; o más bien, deconstruido. El inicio de muchos pasos para superar,  pero también para tomar responsabilidad de mis actos. Y al igual que es necesario el reconocimiento de la otra: de su cuerpo, su cotidianidad, sus luchas, su encuentro consigo misma, su ira, y la ira colectiva que crea espacios en la ley y la jurisprudencia: crea cambios visibles y trascendentales en nuestra sociedad y en quienes somos. La ira no es la solución, pero es parte del asumirnos iguales, el principio del fin.

EL CONGRESO NOS RECIBE Y NOS HACE MALA CARA

EL CONGRESO NOS RECIBE Y NOS HACE MALA CARA

Ilustración de Manuela Vélez
Las cifras son históricas, por un lado, porque nunca antes el legislativo colombiano había contado con tanta presencia femenina, pero por otro lado también son vergonzosas.

En el nuevo congreso instalado el pasado 20 de julio hay un total de 25 senadoras y 31 representantes a la cámara. Las cifras son históricas, por un lado, porque nunca antes el legislativo colombiano había contado con tanta presencia femenina, pero por otro lado, también son vergonzosas si consideramos que pasados más de 60 años desde que las colombianas pueden elegir y ser elegidas en cargos públicos, el 78% de los escaños sigue siendo ocupado por hombres

Colombia ha asumido la participación política de la mujer de manera tan reciente como renuente. Si ya penoso el hecho de que muchas de nuestras abuelas no hayan votado a sus 18 años (ni a los 21), qué se diría de la aspiración a ocupar un cargo decisorio en política, que solo comienza a ser posible a partir de 1955, cuando se nombró a Josefina Valencia gobernadora del departamento del Cauca, y más tarde con la primera mujer congresista, Esmeralda Arboleda, en 1958. Después de ahí se ha avanzado poco. Poco. Porque en este país la ley, muy a su pesar, camina al compás del patriarcado y en el camino se va tropezando con la corrupción y el irrespeto de funcionarios públicos.

Tanto es que en el  2000 tocó apretarle las tuercas al sistema político colombiano con la Ley de Cuotas que garantiza, al menos en un 30%, la participación de mujeres en cargos de máximo nivel dentro de la administración pública. Misma norma que los partidos políticos suelen cumplir para la foto o directamente evaden. Por ejemplo, en una lista para Congreso bien pueden ubicar a las mujeres en lugares donde sea casi que imposible que las elijan.

Y, a ver, las leyes de paridad y discriminación positiva no es que sean el ginkgo biloba en la política. Es verdad que no garantizan nada, pero si hasta a esas medidas se les ha hecho trampa, queda bastante en evidencia la poca voluntad que hay de reconocer los derechos políticos de las mujeres. Así que, desde ya se van apartando todos los sesudos mansplainers que viven rezando el salmo «los cargos deben ocuparse por meritocracia y no por condición de género».

Porque ese es apenas uno de los obstáculos que sortean las mujeres que deciden hacer política en Colombia. Los demás son los mismos con que lidia la mayoría cualquiera sea su trabajo. Ridiculización, desestimación, descrédito, exclusión de las decisiones económicas importantes, y hasta violencia de género. Todo un disciplinamiento que no se cohíbe ni siquiera en espacios donde el ojo de la ciudadanía está más pendiente, y cuya finalidad está más relacionada con lo simbólico que con el ataque personal, pues, en últimas, a las mujeres toca es «ponerlas en su lugar», y si ya no se puede por expulsión directamente, sí es posible generando un ambiente hostil, que desmerezca, en el que no provoque ni asomarse.

No fue en los años 50 que se pronunció en el congreso la frase, “las vaginas del Senado se llenan de malos pensamientos”. Fue en 1998 y salió de la boca de Roberto Gerlein ( agradezcamos que ya su pene y todo su cuerpo también salieron del Congreso); en 2011, trabajando para el enemigo, Liliana Rendón sentenció la tierna “si mi marido me casca, será que yo me la gané”; y las últimas que tuvieron más resonancia: el hijueputazo a Claudia López, proferido por Alfredo Ramos y  justificado por Álvaro Uribe; y el “niña” con que el actual presidente del Senado se refirió a Jennifer Pedraza, vocera estudiantil de la Universidad Nacional.

Esta es la otra lucha de las mujeres en política, evitar la normalización de realidades machistas o, como revelan informes del Netherlands Institute for Multiparty Democracy, la creencia de que los tratos desiguales y discriminatorios son precios a pagar por participar en política.

Sí es verdad que tenemos más oportunidades que ayer, sí es verdad que hoy se ve mayor liderazgo de mujeres, que desde el 1991 su presencia en política es más notoria, pero aún se juega en el bosque mientras el lobo está, y no es constatando obviedades que se discute con quienes insisten en desconocer los derechos de poblaciones históricamente discriminadas. En un congreso con el azul celeste tan entronizado puede que ninguna igualdad sea imparable. 

LA IDENTIDAD POSPARTO

LA IDENTIDAD POSPARTO

Ilustración de Valentina Martínez
Es como un estado de limbo, porque quien éramos antes de parir ya no está.

 

En los últimos años se ha vuelto cada vez más común hablar -entre mujeres-, virtual o físicamente, de lo que significa para la identidad de la mujer tener un hijo y, sobre todo, convertirse en la curadora principal de ese hijo en casa, sola.

Ya al menos la idea de la maternidad como la manifestación de un milagro, de la realización plena de la mujer, se ha perdido un poco en ciertos círculos aunque quizá no en el mainstream, dónde es muy común que la gente que visita -generalmente sin avisar ni preguntar- se maraville con el nuevo bebé sin tomar en cuenta a la nueva madre, pues incluso dejan de preguntarnos cómo estamos, lo cual lentamente nos lleva a que nosotras mismas dejemos de preguntarlo.

Entonces, la identidad como nuevas madres toma un rol preponderante porque no es urgente preocuparnos de si nosotras estamos bien, de si estamos satisfechas o felices. Escasamente dormirnos o comemos lo suficiente, porque la preocupación primaria es que el bebé coma, que se bañe, que esté limpio, que esté feliz, que aprenda cosas nuevas, que se esté desarrollando según la curva de crecimiento.

Ni siquiera podemos darnos el lujo de exclamar, indignadas, “¿es que usted no sabe quién soy yo?”. Porque honestamente hasta nosotras mismas dejamos de saberlo. Es como un estado de limbo, porque quiénes éramos antes de parir ya no está; nuestra ropa ya no es útil, nuestros gustos no tienen cabida en la rutina diaria, las expectativas se limitan a que por favor, el bebé duerma suficiente para darme un baño hoy.

Preocuparse por lo insatisfactorio que llega a ser no tener más que lo básico, lo triste que es no tener nada por fuera las necesidades del bebé y hablar sobre eso es cada vez más común: tenemos más libertad de decir que no queremos ser solamente madres, que el rol de madre, y aún más el de madre que se queda en casa, no es suficiente para ser feliz.

Hablar sobre el tema es validarlo y eso urgente en un mundo que siempre nos ha tratado de histéricas y de locas si no encajamos. Saber que no somos las únicas ayuda a aceptar que está bien querer más, está bien pedir y desear más, pero también ayuda a normalizar las dificultades para conseguir lo que en realidad queremos.

Si muchas de nosotras hemos estado mal, si también hemos sufrido esta soledad y este terrible aislamiento que viene luego de parir y si a las demás “no les ha pasado nada”, quizá tampoco nosotras deberíamos quejarnos tanto.

Pero no son sólo quejas: el aislamiento es real, la depresión es real, la preocupación por las amistades  es real, las dificultades para volver al mundo del trabajo son reales.

Y las soluciones son complicadas, porque no es cuestión de salir de la casa a caminar, ir a un museo a conseguir estimulación mental y leer libros para que nuestro cerebro no muera a punta de repetición y canciones de la Granja.

Salir significa organizarnos, llevar la botella de agua y los pañales y los pañitos húmedos y estar dispuesta a salir corriendo a esconderme si el bebé comienza a llorar a gritos porque sí, a todos les encantan los bebés, pero verlos llorar siempre es un fastidio. Y la madre siempre tiene que hacer que su hijo se calle, por favor.

Además, salir implica vestirme, alistarme para el público que nos mirará de reojo por cómo nos hemos podido echar a perder, porque bajar de peso, subirlo e incluso la insatisfacción de sí tener el mismo peso pero no el mismo cuerpo y vestirlo para salir, es un dolor de cabeza. Porque nada nos queda bien, nada sirve para atender al hijo, porque debemos poder movernos y correr para atraparlos por si se escapan, y siempre se escapan. Y recordamos que la ropa no nos queda pero no hemos tenido tiempo de ir a medirnos ropa como debe ser, porque nunca lo hay, no alcanza el día para una nimiedad como esa.

Y eso hace complicado hasta hablar y salir con amigas, sin el bebé; implica contar con una red de apoyo dispuesta a preocuparse por nosotras si no contamos con la plata suficiente para contratar a alguien que pueda cuidarlos en esos momentos. Y la triste realidad es que a veces no contamos con ninguna de las dos cosas, lo que implica que los planes deben cambiar o aplazarse  y esas eternas conversaciones con amigos se van al traste porque además de que hay que cumplir un horario más o menos estructurado para el bebé, él tampoco aguanta más de dos horas en un mismo espacio, ni siquiera con la terrible tablet y los vídeos de la Granja.

No es fácil empezar a pelear por lo que queremos, sobre todo si como mujeres hemos estado acostumbradas a aceptar lo que nos toca en vez de aspirar a cumplir deseos propios, aunque se vean difíciles de realizar.

Pero es necesario. Porque sin pedirlo, sin exigirlo, y, sobre todo, darnos cuenta de que es posible, nada va a cambiar. Es tan, tan cierto eso de que el que no llora no mama, pues aunque, sería lindo que nuestro grupo, parejas, amantes, familiares se dieran cuenta por sí mismos de lo mucho que necesitamos apoyo, la experiencia ha demostrado que, por duro que sea, las cosas que queremos debemos pedirlas.

Para eso debemos primero saber qué es lo que queremos, y sentarnos a definir cuántas de nuestras cargas son en realidad necesarias de asumir y con cuáles de ellas, por designación ajena o propia, ya no queremos vivir, porque si no hacemos eso nunca podremos, libremente y sin culpas, crear una identidad propia que no se agote en nuestros hijos sino que nos permita ser más nosotras, lo que sea que eso signifique.

 

LA SIMPLEZA ES DONDE ESTÁ EL PODER

LA SIMPLEZA ES DONDE ESTÁ EL PODER

Collage de Viviana Ramírez
Allí encontré una mezcla de sonidos macabros, la conversación con otros mundos.

Nunca he visto a Dani Shivers en vivo, pero he escuchado atentamente sus frecuencias graves y agudas con la luz apagada. El  teclado y su voz son una mezcla perfecta de la que se expulsa una infinita dulzura y una profunda oscuridad ejecutada por sus manos. Una imagen difusa que deja a la contemplación, colgada como un cuadro. Luego uno entiende que su poder está ahí, en la simplicidad, además en la sutileza que tiene para fabricar laberintos con las palabras.

Aunque tocó en proyectos colectivos y viene de una tradición en la música clásica, Dani Shivers  no toma ninguno de los caminos y comienza como solista desde hace ya casi 8 años hasta hoy, tiempo que transcurre entre la buena y auténtica mezcla de un personaje que podría protagonizar una película de Dario Argento, o que se le podría invitar a sonorizar un ritual de brujería, con sonidos infantiles y ambientado por teclados de juguete, como en sus primeros experimentos sonoros. Fueron algunas de las cosas que pensé escuchando cada uno de sus discos.

Lo primero que escuché fue Messengers of Deception, EP que se lanzó en colaboración de Dani Shivers y la agrupación Bonsai Babies; allí encontré una mezcla de sonidos macabros, la conversación con otros mundos; podría considerarse que tiene algo de ceremonial: las voces y letras que acompañan cada canción, características que sobresalen en la música de Dani.

En el año 2013 lanza su primer álbum JINX, en el que se percibe una mezcla pop, con una voz potente y armoniosa; en los sonidos de sus teclados se comienza a  descubrir cómo va escalando hacia una sencillez musical que le hace cobrar todo el sentido a su trabajo actual. Para el año 2015 sacó su  segundo disco: Syzygy, que dentro de todo lo que pude escuchar me parece que tiene una producción muy bien lograda y que, definitivamente, se convierte en la alineación de la luz y la sombra; también es el disco que tiene mas beats de baile, llegando a ser una mezcla cruda y más llevada a la música mainstream, pero no por eso embruja menos.

En otros trabajos posteriores como su EP Las Flores del Mal, del año 2017, que considero es mi favorito, hay una sutileza y pasividad que se rompe abruptamente con la experimentación de cajas de ritmos sencillas que se interponen sobre las melodías del teclado, las cuales terminan generando una atmósfera que no lleva a la melancolía completa, sino que podrías surfear en el abismo.

He escuchado más de 20 canciones de Dani Shivers, canciones tristes, algunas más movidas, y otras para quedarse solo con la luz apagada. Discos que son uno totalmente distinto al anterior, un estado o un planeta diferente, si se quiere, una voz cautiva y música totalmente auténtica. Sólo se logra entender, una vez más, que “menos es más” o que la simplicidad es nada más que todo.

Ahora, para el 2019, llega su tercer disco, seguro algo sorprendente. Por lo pronto, yo recomiendo sumergirse y perderse un rato con su último single colgado en el bandcamp: Arrebanta, una canción como para escuchar en el bosque al amanecer.

https://danishivers.bandcamp.com/track/arrebenta

UN BEAU SOLEIL INTERIEUR

UN BEAU SOLEIL INTERIEUR

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En su más reciente largometraje, la consagrada directora Claire Denis construye un retrato psicológico de la protagonista, una artista y madre soltera que busca el amor.

Durante décadas, la ciencia ha estudiado la diferencia que existe entre los hombres y las mujeres. Algunas investigaciones concluyen que nuestras capacidades intelectuales son las mismas a pesar de que el funcionamiento de nuestro cerebro presenta variaciones. En cambio,
en lo que respecta a lo emocional, nuestra forma de asimilar la realidad es muy distinta. La representación cinematográfica de este contraste es la virtud principal de la película Un bello sol interior.

En su más reciente largometraje, la consagrada directora Claire Denis construye un retrato psicológico de la protagonista, una artista y madre soltera que busca el amor. La obra gira entorno a Isabelle (Juliette Binoche), quien afronta diferentes emociones relacionadas con el enamoramiento: la ilusión, el cariño, el éxtasis sexual, la tristeza, la rabia y el desengaño.

Por lo tanto, el guión se desarrolla a través de los encuentros amorosos de la protagonista, que en vez de producirle bienestar van dejando a su paso dolor y decepción. Los personajes masculinos son itinerantes, como también lo son un taxista, un consultor espiritual y dos mujeres con las que Isabelle conversa sobre su situación. Con ellas hay una comprensión desde la empatía pues hay experiencias con las que se identifican. Por el contrario, el consultor espiritual utiliza un péndulo para aconsejarla desde lo místico, dando a entender que para un hombre, las experiencias vividas por las mujeres son misteriosas.

La construcción de la protagonista incluye varios matices. Su vida profesional y su sensibilidad de artista influyen en la forma como se relaciona con la ciudad y con las demás personas. Su hija es importante para ella pero no la define como personaje. La información sobre el vínculo de madre-hija es mínima, lo que le permite a la película enfocarse en otros aspectos de la adultez en vez de dar una excesiva atención a la maternidad como fin último de la mujer.

 
 

LAS OTRAS

LAS OTRAS

Cuando las otras somos todas.

A partir de la tan famosa frase “es que no sos como las otras”, inicia el problema. Esa frase, que de forma aparentemente inocente intenta halagar a quien la recibe, expone uno de los síntomas que más cuestan a la sororidad: la competencia entre nosotras. Esta serie de fotos da cuenta de cómo, a pesar de estereotipos y la perpetuación de discursos de rivalidad, los límites se borran cuando aceptamos y abrazamos nuestras diferencias en colectivo. Cuando las otras somos todas.